• Profesor: Tomando lista al grupo el último día del curso, durante la entrega del trabajo en equipo final
  • Estudiante: “Profesor, usted no me llamó a lista”
  • Profesor: “Señor, usted ya no figura en la lista pues ha perdido por fallas”
  • Estudiante: “Perdí la materia por fallas? (a viva voz y como quien empieza un reclamo airado)”
  • Profesor: “ se queda callado, simplemente asintiendo con la cabeza”
  • Estudiante: “Y si yo había perdido la materia por fallas, usted porque no me avisó para no haber perdido el tiempo viniendo aquí. (con el mismo tono de voz irrespetuoso y desafiante)”
  • Profesor: Se cae para atrás, haciendo “PLOP”, como los personajes de la tira cómica de condorito.
  • Estudiante: Toma su monopatín, que fue el único implemento que se le vio traer a la clase, pues hasta el profesor le prestaba lapiceros y hojas cuando esporádicamente se aparecía en el aula, y sale rápidamente del salón, (echando rayos por los ojos).

Historias como ésta, y muchas más forman parte de mi anecdotario como docente universitario en programas de diseño industrial y gráfico, principalmente (en varias ciudades de Colombia). Yo también fui estudiante, además estudiante de universidad pública, y no puedo evitar hacer las comparaciones, de lo que era mi actitud y maneras a la hora de dirigirme a un profesor, el respeto sumo que observaba y que me fueron inculcados en casa por mis padres.

Para mi es poco menos que escandaloso, pues nunca osaría dirigirme a un maestro en esos términos y formas; sin embargo esa es una realidad diaria del sistema de educación en Colombia, y sé que muchos de mis colegas, han experimentado lo mismo, aunque eviten hablar de ello o admitan que en más de una ocasión algún “estudiante” de estas calidades, haya prácticamente, “barrido el piso del aula” con ellos.

Que es lo que me convierte en un mal profesor?, aquí se lo contamos:

Según mi experiencia, hay varios puntos a tener en cuenta para convertirse en un mal profesor,  y quiero compartirlos con ustedes (que se note el sarcasmo):

Saludar

Exigir que los estudiantes contesten el “buenos días” o “buenas tardes”, cuando usted entre al salón y saluda, y ellos ni siquiera volteen a mirar su cara. Es en ese momento cuando usted hace una pequeña pausa y elevando la voz, repite: “buenos dias”, acto seguido si quiere puede agregar, “pensé que no me escuchaban” (esta es una buena estrategia que si la repite siempre, logrará tener a su sagrada madrecita en el top de recordación de estos ilustres jóvenes).

Tomar lista

No más al iniciar la clase, tomar asistencia; este es otro factor sumamente importante para lograr los topes de esta lista, es ofensivo que el docente no otorgue los 15 minutos (que en algunos casos pueden llegar a media hora) de “puntualidad latina” exigibles en nuestro país, así que por favor no lo haga.

Evaluar el trabajo en casa

Apenas empiece la clase, dedíquese a evaluar lo aprendido en la anterior clase, pregunte sobre los temas importantes y las ideas principales tratadas en la semana anterior, para establecer un vínculo con los nuevos conocimientos a socializar en la actual.

Allí las expresiones de enojo o fastidio, se cambiarán por las de estupor absoluto y las risitas nerviosas, seguidas de un silencio absoluto; pues la mayoría “no recuerda nada”. Algo que no tiene justificación, pues el deber del estudiante es que haya hecho el trabajo autónomo fuera de las horas de clase e investigara para profundizar sobre los temas impartidos en el aula, en vez de hacer un ejercicio de memoria, a ver si logra acordarse de algo y solventar la pregunta incómoda, que el profesor acaba de hacerle.

Entregarles todo digerido

Otra cosa importante para subir a los primeros lugares de clasificación, es que a usted no se le ocurra entregar las presentaciones que elabora para la clase, “no lo haga”, ya que aunque usted sepa, que tampoco las mirarán, si no las entrega, créame que a su nivel ya bajo de popularidad, se le agregará el de antipatía evidente.

Evaluar lo aprendido en tiempo real

Durante la clase, y después de comprobar que la mayoría no ha hecho sus deberes, presente la clase del día, y durante el desarrollo de la misma, será muy importante asegurarse de que los estudiantes están capturando todas las ideas claves; entonces, haga el ejercicio de repreguntar, lo que usted justamente acaba de decir.

Y para ello escoja a los estudiantes que parece que en ese momento estuvieran: “dando una vuelta por el lado oscuro de la luna“. Verá que ésta técnica es muy efectiva, para lograr esta “popularidad en reversa” (de la que estamos hablando); así muy pronto, empezarán algunos de ellos a pasar por la oficina del director o incluso del sicólogo de la institución, a plantear posibles situaciones de acoso por parte del profesor hacia los estudiantes.

Poner trabajo práctico

Por supuesto, no hablamos exclusivamente de clases magistrales, somos diseñadores y el “saber hacer” es una práctica importante de nuestro perfil profesional, así que plantee un trabajo práctico, uno simple: “póngalos a bocetar” (o bocetiar, como dicen en Medellín), De nuevo verá usted “las caras largas”, las miradas de “otra vez este #$%&& nos pone a dibujar y yo soy malo para dibujar”.

Entonces; usted no se amilane, recuérdeles que:

Saber dibujar es un requisito para el diseñador, quien debe poder tri-dimensionalizar y establecer adecuadas relaciones espaciales en su cerebro relativas a objetos y formas, y que si no son capaces de hacerlo con sus propias manos y un lápiz, mucho menos podrán manejarlas en su cabeza.

Esto es muy efectivo. Muy probablemente, nuevas voces se alzarán en su contra, en las oficinas de los funcionarios ya mencionados anteriormente;  aunque esta vez, la queja irá por el lado, de: “el profesor dice que nosotros no servimos para ser diseñadores”.

Exigir trabajo y dedicación

Una vez salvado el escollo de “para que dibujar, si todo lo hacen los computadores”, una buena forma de agregarle puntos a esta escalafón de la infamia, es “exigir alternativas”: en este evento se harán mucho más palpables los puntos álgidos en nuestras relaciones docente-estudiante: las voces subirán de tono grandilocuentemente, dentro y fuera del aula, con expresiones como: “CUANTAS?, TODAS ESAS?, PERO ES QUE TENEMOS OTROS TRABAJOS!, ó PARA LA PRÓXIMA CLASE!!!”.

Recuerdo un episodio, que me sucedió durante mi ejercicio docente en una escuela de diseño industrial en Medellín, cuando varios estudiantes firmaron una carta, haciéndosela llegar al director de programa; allí se quejaban de que el docente, “les había puesto a hacer 300 alternativas (no recuerdo exactamente el número) de una semana para la otra”.

Así sin más, puesto de esa manera parece excesivo, o no?: sin embargo lo que los estudiantes olvidaron poner en su carta, es que la tarea ya llevaba más de quince días (4 clases puesta) y que ésta era una segunda oportunidad para entregarla, pero además también olvidaron decir, que las 300 alternativas cabían en 5 hojas, pues cada alternativa era un cuadrito de 3 x 3 cm.

Vuelva a tomar lista

Terminado el inconveniente periodo del trabajo práctico, dentro del aula, finalice la clase; y si quiere ganar unos puntos extra, vuelva a tomar lista!, entonces podrá ganarse la antipatía adicional de aquellos que se escabullen de la clase cuando usted está mirando para otro lado.

Pongalos a leer y déjeles tarea

Otra técnica infalible, puede ser usada cuando todo parece haber finalizado en la clase del día, y ya todos “estamos en la operación recogida de implementos“; usted el profesor, decide dar una vuelta de tornillo más a la ajustada situación y anuncia, justo antes de que el primero de los estudiantes haya franqueado la puerta, con tono de voz grave y alto para que todos lo escuchen, que les ha dejado una lectura muy importante para la próxima clase. (Ojo, y si quiere que esos puntos valgan doble, escoja una lectura en inglés).

En próximas entregas seguiremos alimentando nuestra lista. La cual, como ustedes pueden ver, es un ejercicio de autocrítica y reflexión. Continuará…

El compromiso del docente de diseño

Sobre todo en diseño, la labor del docente, es mucho más cercana, y exige compromiso; nunca fue fácil para mí, simplemente “dejar pasar”, o tomar la actitud de “no se amargue la vida”, como muchos colegas me lo recomendaban, pues esa no es la esencia del diseñador, el diseñador es un profesional responsable socialmente, debe ser un buen comunicador, que debe tener experiencias prácticas, y sobre todo que tenga muchas habilidades creativas y de ejecución.

El diseñador no se debe convertir en un simple “manejador de software”, pues para ello, no se requieren años de estudio en una universidad, y mucho menos se logrará con ello, ese impacto significativo que requiere la sociedad de parte de la disciplina, y en la cual invierte para la formación de estos profesionales. (pagando con nuestros impuestos)

Otra cosa importante es, entender que el docente “acompaña” un proceso de formación, pero que el éxito depende del empeño y la actitud del estudiante (la materia prima), el taller de diseño es una actividad conceptual y práctica, donde el estudiante puede y debe (de forma individual y grupal), generar y dar forma a las ideas a través de su propia creatividad.

Pero, para ello debe traer “variados insumos” de orden intangible, es decir conocimiento. Haber investigado, recopilado imagenes y experiencias del contexto, del usuario, de los materiales y de la tecnología que puedan ser implementados en las “alternativas propuestas”.

Sin embargo, (si he podido transmitir bien mi idea), eso se convierte en una misión imposible, ya que la parte responsable de aportar estos insumos al proceso falla categóricamente, y lo que debía ser una actividad sumamente productiva pasa a ser una, totalmente estéril.

Puedo afirmar, que esta mediocridad paulatinamente creciente es algo que se ha venido instaurando como normal, y que también ha sido asimilado y normalizado por las instituciones universitarias, un ejemplo de ello, es que los talleres de diseño que son medulares por semestre, pasaron de tener cargas de 6 horas, a tener 4 horas, a tener 3 horas, incluso en alguna institución en la que trabajé, todas las cátedras tenían 2 horas semanales. (Así no es raro que las carreras quieran reducirse a 3 años)

El compromiso del sistema académico en Colombia

El sistema académico nacional ha pervertido estos loables fines de la educación con calidad, pues ha cambiado los paradigmas de “la excelencia” por los de la “cobertura y permanencia”, ha venido instrumentalizando la educación en exceso, los programas se han vuelto recetario de prescripciones y en últimas la calidad es muy baja; algo irrefutable si miramos los rankings de excelencia académica a nivel mundial.

Es una realidad que no todo el mundo nació para ser artista o diseñador o abogado o médico, eso es incontestable, pero desde que el tema de la educación se volvió un trámite más, las personas sólo les interesa cumplir con un requisito (tener un diploma de pregrado), desafortunadamente, en éste orden de ideas las instituciones universitarias, han hecho de la educación un negocio transaccional lejos de los verdaderos objetivos de la formación académica para construir una sociedad mejor. (No puedo evitar recordar, los senadores que tienen títulos de pregrado inexistentes, o en su defecto, que obtuvieron títulos de posgrado en el transcurso de unos pocos meses, etc.).

Antes luchabamos por encontrar un cupo en la universidad y soñabamos con ser los mejores ingenieros, médicos, abogados, etc. Hoy la gente sueña con tener dinero rápidamente, y ojalá sin un mayor esfuerzo; por ello estar cinco años en una universidad, pasan de ser una oportunidad a convertirse en un obstáculo más con el cual hay que lidiar.

Las opiniones vertidas en éste artículo son única responsabilidad del autor, y son derivadas de su propia experiencia como docente universitario en reputadas instituciones del país.

Miguel Angel Prada, 2020